En la histórica serie del Chapulin Colorado, un tío medio tonto, es su costumbre hablar la expresión “¡Qué no panda el cúnico!”, con una inversión en la primera sílaba de las palabras “cunda” y “pánico”. La expresión correcta es “que no cunda el pánico” y quiere decir “que no se extenda el pánico entre todos”, que el miedo no se instale entre todos y los paralisen.
Sigue abajo, el verbete del verbo “cundir” encontrado en el “Diccionario de Uso del Español”, de Maria Moliner. Aún más abajo, el origen de la palabra “pánico”, encontrado en el Diccionario Eletronico Espasa Calpe.
Cundir 1 (quizá del ant. percundir, de percudir, del lat. percutere)
1 tr. ant. Llenar un espacio.
2 intr. (en, por) Ocupar cada vez más extensión; como hace, por ejemplo, una mancha de aceite. 5 Hoy sólo se aplica a noticias, rumores, epidemias y otras cosas que se *propagan de unos a otros: ‘La noticia de la muerte cundió rápidamente por la ciudad’.
1 *Extenderse.
3 Hacer una cosa el servicio correspondiente a más o menos cantidad de ella: ‘El aceite bueno cunde más que el malo. Esta lana cunde poco porque es muy gruesa’. 1 Rendir, dar de sí. 5 Dar una cosa más o menos cantidad de resultado: ‘Hoy no me ha cundido el trabajo’. 1 *Aprovechar, lucir, rendir, aprovecer, dar de sí.
Pánico – El origen de la palabra
La palabra procede del nombre del dios griego Pan, divinidad de los montes y de los campos, protector de los rebaños. Tenía predilección por los bosques, por la música y la danza y se le sueleSoler:en portugués: ter costume de,costumar representar con cuernos y patas de cabra, confundiéndolo a veces con los sátiros (à tragedia). Se le dio el nombre de Pan, porque tal palabra significa en griego 'todo' (panacea, panamericano...) y él estaba destinado a ser una especie de «dios-comodínEn portugués: coringa» que participara en todas las ceremonias y llevara la alegría a todos los ambientes.
Sin embargo, a Hermes, su padre, y a Zeus, su abuelo, les salió mal la jugada, pues, según la mitología, el tiempo que no tocaba la flauta (à jeringuillaEn portugués: flauta hecha de tubos de distintos tamaños) lo dedicaba a espiar mientras se bañaban a las ninfas, las divinidades femeninas de las fuentes, los ríos, los lagos y los bosques, y a perseguirlas permanentemente para tratar de satisfacer unos insaciables instintos sexuales. Llegó, incluso, a acosar a jovencitas y jovencitos de carne y hueso que nada tenían de dioses. Además, cuentan que poseía la capacidad de lanzar un grito sobrecogedorEn portugués: assustador, assombroso. No es extraño, pues, que su sola presencia provocara revueloEn portugués: revoada, p.ext.confusão, agitação y temor entre todas estas criaturas y que pánico pasara a significar 'miedo grande o temor muy intenso'.
Ya desde los principios de la República, los días en el calendario eran marcados en “fastos” (fastus) y “no fastos” (ne fastus). Sólo los días fastos eran apropiados para la actividad humana, sobre todo la relacionada con los procedimientos públicos (jurídico-políticos). Los días eran marcados fastos o nefastos por la tradición, la ley divina y los augures; obviamente, si un día en particular quería convertirse en “nefasto” para los romanos de ahí en adelante, no tenía más que propiciar una gran derrota militar o la muerte repentina de una gran figura pública. Además de esto, había días “mixtos” que podían ser de una u otra condición o de una, hasta que se realizara un determinado rito, que pasaría a ser de la otra (dies endotercisi y fissi). Las civilizaciones del Mediterráneo siempre fueron propensas a la marca en el calendario de días especiales, llámense de inactividad, descanso o fiesta… Recordemos, por ejemplo, el Sabbat judío o las Carneias, que impidieron a los espartanos acudir a la batalla de Maratón o bloquear efectivamente las Termópilas. El problema es que, los romanos, apoyados en sus esclavos, tenían muchísimos días de fiesta. Las fiestas no eran lo mismo que los días nefastos, sino que podían declararse por victorias militares o en honor a una divinidad. La inauguración del Coliseo de Roma, en el año 80, por ejemplo, duró 100 días, con la muerte de su inspirador, Vespasiano aún fresca en la mente del pueblo.